lunes, 5 de enero de 2026

"Los Poemas de Harrods", Poemas de un Nómada Americano 2, poemas de Hugo Noël Santander Ferreira -

Este libro abre un territorio de conciencia presentando las labores de un trabajo humilde en su dimensión poética, ética y espiritual. El lector escudriña un espejo plural donde el desarraigo contemporáneo adquiere forma, conciencia y lenguaje. Los poemas de Harrods y América de Sur a Norte forman un solo cuerpo narrativo y simbólico, organizado como travesía, memoria y afirmación. Hugo Noël Santander Ferreira escribe desde el movimiento, desde el trabajo, desde la cultura y desde la vida asumida con atención y estudio; desde una existencia atravesada por geografías, lenguas, oficios, tradiciones y vínculos humanos. La palabra surge aquí como resultado de una trashumancia vivida que se transforma en lírica y, a través de su sensibles imágenes, en acto de restitución humana.

El volumen se inscribe dentro de un proyecto mayor subtitulado Poemas de un nómada americano. Su primer tomo, América de Norte a Sur, trazó una cartografía inicial del continente como experiencia histórica, cultural, amorosa y espiritual. Este segundo tomo amplía y completa ese recorrido. El trayecto se invierte, el horizonte se expande y la conciencia se vuelve más cosmopolita. El nómada americano regresa, observa, integra y formula una visión madura del mundo contemporáneo, incorporando ahora el exilio, el trabajo migrante, el contacto con otras civilizaciones y la reflexión filosófica y espiritual como dimensiones centrales del viaje.


Los Poemas de Harrods ocupan el núcleo experiencial del libro. Harrods es el emblema del mundo laboral: espacio donde confluyen comercio, belleza, disciplina, vigilancia, deseo y esfuerzo humano sostenido. En sus pasillos, bodegas y ritmos exigentes, el poeta desarrolla una mirada atenta que observa con profundidad el funcionamiento del sistema y la condición de quienes lo sostienen con su cuerpo, su tiempo y su observación. Esta poesía surge de una conciencia despierta, formada en la experiencia directa como jefe de bodega, y expresada con rigor estético y ético. La experiencia laboral se transforma en conocimiento, y el conocimiento en memoria poética.

Este libro afirma que la dignidad pertenece al ser humano como esencia. La función laboral, el uniforme, el turno, el salario, la repetición diaria y la vigilancia quedan integrados en una visión más amplia donde la conciencia, la cultura y la sensibilidad constituyen el verdadero centro. El trabajo cotidiano se revela como espacio de aprendizaje interior, y la escritura como ejercicio de fidelidad a la propia vida. El cuerpo aparece como lugar donde se inscribe la historia contemporánea, y la poesía preserva esa inscripción como testimonio consciente.

En Campos de caña barnizados de concreto, el poeta traza una geografía moral del mundo urbano. La ciudad moderna aparece como territorio de memoria y afecto, donde el amor, la pérdida y la esperanza conviven con el asfalto. El poema declara:

Hoy caminé las calles derrumbadas

de esta ciudad que aún lleva nuestra herida,

buscando en los rincones y fachadas

la dicha que en tu abrazo fue mi antorcha

El recuerdo es un territorio conquistado por la palabra. Londres se configura como una nueva Cartago, centro de consumo y escenario de aprendizaje histórico. La ciudad imperial se integra en una lectura simbólica que enlaza pasado y presente, afecto y estructura, cuerpo y arquitectura. Sus calles, parques, bibliotecas, teatros y ritmos acompañan un proceso interior donde caminar, trabajar, leer y recordar forman un mismo gesto creador.

En Elegía del académico invisible, el libro expone con claridad la tensión entre conocimiento y reconocimiento social. El poema enuncia:

Mis superiores jamás me dirigieron

palabra más allá de lo ordenado,

ni siquiera me miraron a los ojos,

aunque sabían de mi formación académica

Compartimos una de las experiencias centrales del libro: la distancia entre el saber interior y su valoración en el engranaje institucional. La vivencia personal se transforma en conciencia crítica y en afirmación de la dignidad intelectual, integrando la experiencia académica en una reflexión profunda sobre el lugar del pensamiento en la sociedad contemporánea.

Shakespeare confesándome sus versos construye una de las imágenes más poderosas del poemario: la doble conciencia del trabajador intelectual. El poeta escribe:


Y así mi mente leyó por mis oídos

Mientras mis brazos doblaban vestidos.

La frivolidad de la moda se hizo tolerable

con las hermanas Brönte y sus amantes


La literatura es presencia activa y disciplina interior. La lectura se convierte en gesto cotidiano que acompaña el trabajo manual y transforma el espacio laboral en territorio de creación. La palabra sostiene, ordena y eleva la experiencia diaria, integrando cuerpo y pensamiento en un mismo acto vital.

En Los verdaderos parias de esta tierra, el libro desarrolla una crítica directa a la moral del capital contemporáneo, desmontando sus disfraces éticos y su retórica de éxito. El poema afirma:


Ser adinerado es robar lo de los otros,

vivir tras el disfraz de la opulencia,

presumir fanfarronerías y creerlas,

ofrecer ayuda solo si se invierte

La poesía se convierte aquí en juicio moral y en ejercicio de lucidez, situando la dignidad humana como valor superior a cualquier acumulación material.

La dimensión testimonial alcanza una intensidad particular en Accidente de trabajo, donde la vivencia laboral se narra con precisión casi documental. El poema registra:

El treinta y uno de agosto se prolonga

hasta la medianoche, es el remate

Nos ordenan reordenar las tiendas

de estantes de acero desarmables

El cuerpo del trabajador aparece como lugar donde se inscribe la historia contemporánea. La escritura preserva esa experiencia como memoria activa, integrando esfuerzo y conciencia en una forma poética que dignifica lo vivido.

El Sauce encorvado se erige como uno de los grandes núcleos simbólicos del libro. El poeta contempla la naturaleza en medio del entorno urbano y escribe:

Surge bello el esquelético sauce

a la vera del puente hibernando

y me demoró contemplándolo

no llego puntal a mi trabajo


La contemplación se manifiesta como forma de afirmación estética. La belleza aparece como gesto consciente que otorga sentido al tiempo y al movimiento, integrando naturaleza y ciudad en una misma experiencia poética.

En Autorretrato a los veinte años, el libro revela su núcleo ético más profundo. El poeta declara:


Por eso canto el lodo, no la gloria,

Pues el silencio al vicio da memoria.

Escribir, leer, del alma son la cura,

En calles sucias, mentes que se arrastran

Aquí se formula una poética de la fidelidad interior, donde la escritura y la lectura aparecen como prácticas de cuidado del alma y como caminos de formación ética. La juventud se presenta como espacio de conciencia temprana, capaz de elegir profundidad frente a brillo efímero.

A partir de este núcleo experiencial, el libro se expande hacia su segundo gran movimiento: América de Sur a Norte, escrito tras el regreso del poeta del mundo anglosajón a Colombia en 2006. El viaje se desplaza del espacio urbano-laboral hacia una travesía cultural, filosófica y espiritual. La memoria del poeta abarca ahora continentes, credos, lenguas y tradiciones, integrando esas experiencias en una visión amplia del Ser. América, Europa y Asia aparecen como estaciones de un mismo aprendizaje humano.

En este segundo bloque, la voz poética formula una meditación sobre la identidad, la pertenencia y el sentido. La vida aparece como competencia compartida y como marcha colectiva, observada con atención ética y profundidad simbólica. El poema inicial afirma:

Todo hombre y mujer por fin camina.

Nadie se atreve a mirar al lado.

Como un esclavo que a las estrellas teme,

yo sigo el paso atrás, muy rezagado.

La reflexión se articula también en torno al pensamiento contemporáneo, como en Sociología de E. Sanders, donde la vida institucional aparece como molde de la conciencia colectiva:

Un olor burocrático y constante

invade lo privado y lo sagrado.

La Empresa nos adiestra la conciencia

para pensar sin amor sobre la vida.


En Teleología de E. Sanders, el poeta vincula ética, historia y catástrofe contemporánea, integrando la experiencia global en una lectura moral del mundo:


¿No sufre Japón

por haber negado su abundancia

a pueblos que pobres desfallecían?

¡Sus tesoros perdieron en un día!


La dimensión espiritual alcanza un tono celebratorio y reflexivo en India, donde el poeta afirma una visión integradora de los credos y de la experiencia religiosa:

La India es un país de alegorías.

En Occidente amamos lo visible,

buscamos lo real como apariencia,

la forma que responde a la materia.

La memoria histórica se activa con fuerza en Gorki, donde la figura del escritor se convierte en símbolo del vínculo entre arte, poder y conciencia:

La Madre fue su canto más ardiente,

un grito entre cadenas y fusiles,

donde el amor tejía rebeldías

y el hijo era la patria que nacía.

La reflexión sobre identidad continental se despliega en América y Europa, donde el poeta afirma una conciencia mestiza, histórica y espiritual:


Europeo e indígena es mi frente,

sin nombre fijo, sin nación ni rey,

soy hijo de un conflicto persistente,

del oro que huyó de mis ancestros.

El libro incorpora la memoria familiar como raíz ética y afectiva. En Esfuerzos de mis padres, la dignidad del trabajo honesto se transmite como legado, conflicto que es tema de su novela galardonada Desde el Viaducto (2025). En Mamita Carmen y De mi bisabuela Mercedes, la genealogía femenina aparece como sostén espiritual y como transmisión de fortaleza, ternura y memoria.

El trayecto culmina en una afirmación coral de credos y culturas en Sinfonía de Credos, donde Oriente y Occidente se integran en una visión unitaria:

Del hondo amparo de los Upanishads

y de la Biblia en sacra revelación,

oí la voz de Dios en tempestad,

tronar su luz dentro del corazón.

El subtítulo Poemas de un nómada americano 2 expresa la arquitectura de esta obra. El número dos indica continuidad, madurez y expansión de la conciencia. El primer tomo trazó una cartografía inicial del continente; este segundo integra el exilio, el trabajo migrante, el diálogo entre civilizaciones y la reflexión espiritual como dimensiones centrales de sus viajes por el mundo, en donde Bucaramanga fluctúa como Bagdad en los Viajes de Simbad de la Mil y Una Noches. 

Ambos tomos comparten una misma ética, una misma voz y una misma vocación integradora. Juntos conforman un solo organismo poético donde el movimiento se convierte en forma y la experiencia en conocimiento. 

Este libro afirma la dignidad humana como valor esencial, el trabajo honesto como espacio de formación interior, la cultura como diálogo vivo entre tradiciones y la palabra como forma de verdad encarnada.

Los Poemas de Harrods: Poemas de un nómada americano 2 se abre así como umbral y como mapa. Invita al lector a recorrer una obra con cobertura universal que entiende la poesía como camino, como ejercicio de conciencia y como acto de integración humana. 

En estas páginas, la palabra se vuelve hogar, la memoria se vuelve forma y el viaje se convierte en sentido.


— Leyla Margarita Tobías Buelvas

Bucaramanga, primero de enero de 2026


viernes, 2 de enero de 2026

América de Norte a Sur: Poemas de un Nómada Americano 1 - Prólogo de Leyla Margarita Tobías Buelvas

En América de Norte a Sur, Hugo Noël Santander Ferreira despliega una poética del desarraigo y la resistencia, un mapa de cicatrices donde se entrelazan lo sagrado y lo terrenal, el exilio y la pertenencia, el juicio y la redención. Este libro propone mucho más que un recorrido geográfico por el continente: traza una travesía espiritual, ética y política escrita con la tinta de la memoria y la sangre de la experiencia. El poeta habita la poesía, la atraviesa con el cuerpo y la transforma en testimonio, en plegaria laica, en conciencia activa.

América de Norte a Sur, de Hugo Noël Santander Ferreira

Este volumen reúne tres poemarios —El Día Prometido, La Eternidad es tu Conciencia y América de Norte a Sur— que funcionan como un solo organismo vivo. Cada uno corresponde a una escala distinta del existir: el horizonte último del sentido, la interioridad encarnada y la historia compartida. Juntos componen una arquitectura donde la palabra examina la vida desde su raíz moral.

Desde los primeros versos, el lector ingresa en una liturgia de ausencia y promesa:


Meditemos por nuestro Día Prometido

Día sin nada, sin él o ella, sin ti, sin mí.


La promesa se presenta como una paradoja desgarradora: el día anhelado coincide con el vaciamiento de las identidades, con la disolución de las seguridades afectivas. En ese espacio despojado surge la materia del canto. El Día Prometido adopta un tono coral y profético, observa el mundo desde una altura ética y sostiene el dolor propio y colectivo como parte del mismo gesto. En Simón del desierto, la voz poética se eleva como un asceta sobre la torre de su soledad:


Alto sobre tu austera torre siria,

ofrecías en la carne la dolencia

mirabas el devenir de los siglos.


La poesía se vuelve columna desde la cual se contempla el sufrimiento del mundo y se asume una responsabilidad ante él. El poeta encarna al profeta y al mártir de su tiempo, al testigo que mira sin apartarse.

La Eternidad es tu Conciencia conduce la mirada hacia el cuerpo, la memoria íntima y el don cotidiano. La eternidad aparece como experiencia presente, alojada en la conciencia que agradece, recuerda y camina. El equilibrio recuperado, la lectura compartida, el gesto mínimo revelan lo sagrado encarnado. La pregunta central atraviesa el libro como revelación ética:


¿Qué les faltaría para ser eternos?

¿Leer a quien ha vuelto de los muertos?


Aquí la poesía se convierte en ejercicio espiritual donde la conciencia individual se expande hacia una dimensión universal. La inmortalidad se manifiesta como comunión afectiva y responsabilidad compartida. Vivir con atención y fidelidad se vuelve forma de trascendencia.

Con América de Norte a Sur, el libro asume su dimensión histórica. El viaje por ciudades, lenguas y fronteras revela que el desarraigo produce conocimiento. El lenguaje mismo aparece como territorio en disputa:

El lenguaje abrió una brecha entre los dos

Un vacío mutuo que solo los besos curan.


La fractura entre idiomas y culturas se manifiesta como herida emocional. La palabra también actúa como puente, refugio y arma. En ese abismo, el poeta funda una pertenencia distinta: una comunidad sostenida por la memoria y el afecto.

Uno de los gestos más potentes del libro reside en su intertextualidad viva. Hamlet, Don Quijote, Walter Benjamin, Candelario Obeso y San Jaime Santander comparecen como presencias hermanas dentro de una mitología personal. Al afirmar:


Así fui Hamlet, y así moriré:

Apóstol del teatro que es la vida,


el poeta se inscribe en una genealogía de seres heridos, heroicos en su fragilidad. Al retomar la voz de Obeso,


¿Porque me ves la cutis

De la color de la tinta

Acaso crees que es negra

También el alma mía...?


la poesía se convierte en resistencia desde la lengua y denuncia una gramática del racismo aún vigente en los prejuicios sociales que atraviesan Colombia y América entera.

La dimensión espiritual del libro se expresa de manera encarnada. En Primera canción coral a un Día Prometido, el juicio final se vive como redención secular:


Entonemos un canto al Día Prometido,

día de juicio y redención anhelada.


En la figura de San Jaime Santander, quien repartió tierras entre pescadores, lo bíblico se transforma en gesto político. Lo sagrado se manifiesta en la justicia practicada, en la fidelidad a los humildes, en la ética cotidiana.

En el centro simbólico de la obra se articula un tríptico fundamental: madre, mujer y América como tierra. La madre encarna el origen, la voz formadora, el amor que cuida y exige. La mujer representa el deseo, la pérdida, el amor como prueba y revelación. América aparece como cuerpo histórico: tierra prometida, herida y fértil, espacio de acogida y expulsión. Estas tres figuras sostienen la tensión ética del libro y organizan su imaginario profundo. Amar a la mujer, honrar a la madre y habitar la tierra se vuelven expresiones de una misma responsabilidad.

El amor atraviesa toda la obra como fuerza creadora y devastadora. Erotismo y duelo se entrelazan con intensidad:


Qué irresistible el roce de su vestido

Mis manos sobre sus selvas y paisajes,


y también:


Cuando en tardes que el silencio abraza

Tu voz y tu rostro regresan con la brisa.


El amor se encarna en contextos concretos: migración, diferencias culturales, precariedad laboral. El poeta nombra lo que hiere y lo que sostiene.

La memoria ocupa un lugar central. En Esclavos de una memoria inagotable, la palabra de Shakespeare ilumina el gesto poético:


El propósito es esclavo de la memoria.


Recordar se convierte en acto de resistencia. Escribir levanta un memorial de lo vivido:


Los despojos de ese amor, tus risas

tu rebeldía, tomada de mi mano.


En North Park, uno de los poemas más incisivos, el sueño migrante se muestra en toda su complejidad:


Preso de ingenuo orgullo,

llamé a antiguos docentes.

¡Imposible!, fue su fría respuesta.


La épica cede su lugar a una dignidad silenciosa sostenida en medio de la intemperie.

Hacia el cierre del recorrido, el poeta formula una ética que atraviesa toda su obra:


Nosotros, forjados en la nobleza

volvemos a buscarlos, si imposible,

aunque nos vean rotos, aun muertos.


Este verso resume una concepción radical del amor y la fidelidad como actos de perseverancia.

La denuncia social irrumpe con fuerza en textos que condenan la corrupción y la injusticia. La poesía actúa como juicio y exorcismo, señala con claridad y convoca a la conciencia. En este libro, la palabra recupera su función antigua: nombrar, recordar, restituir.

América de Norte a Sur se erige como una obra necesaria en tiempos de fronteras visibles e invisibles. Aquí se construyen puentes donde otros levantan muros. La poesía, arraigada en lo local y abierta a lo universal, recuerda que detrás de cada desplazamiento late una historia de amor, pérdida y resistencia.

Leer este libro constituye un acto de reconocimiento: de las heridas compartidas, de la dignidad de quienes migran, de la potencia redentora de la palabra. Hugo Noël Santander Ferreira, como los antiguos vates, canta, testimonia y devuelve humanidad al lenguaje.


Leyla Margarita Tobías Buelvas

Sincelejo, enero 1ro de 2026

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Música ecléctica | todos los géneros | 3 CDsBasado en el libro Los Poemas de Harrods. Poemas de un nómada americano 2, en Youtube:


Video de 4 horas y 22 minutos Esta obra musical no es una adaptación ornamental de un libro: es su continuación sonora. Los Poemas de Harrods nacieron ya con música interior: ritmo de pasos, respiración de bodega, zumbido de neón, voces de jefes, murmullos de clientes, el crujido de cajas, el latido de la ciudad. Convertirlos en música no es un giro estético, sino un retorno a su forma natural. El proyecto que aquí se presenta —un video continuo de 4 horas y 22 minutos, compuesto por tres CDs— recorre todos los estilos musicales, porque la experiencia que narra no admite un solo género. Aquí conviven música clásica, coral, electrónica, minimalismo, jazz, rock, música industrial, ambient, canto litúrgico, spoken word, música experimental, folklore latinoamericano, sonidos urbanos y silencio trabajado. La estética es ecléctica por necesidad moral, no por capricho. Los Poemas de Harrods son el testimonio de un trabajador migrante en el corazón del sistema global. Harrods no es solo una tienda: es símbolo del mundo contemporáneo, donde el lujo y la humillación coexisten, donde la belleza se exhibe mientras el cuerpo se agota, donde el consumo borra los nombres de quienes sostienen el espectáculo. Esta música acompaña y amplifica esa experiencia. Cada pista es un estado de conciencia: fatiga, lucidez, deseo, ira contenida, contemplación, memoria, amor, exilio, dignidad. El oyente no “consume” canciones: atraviesa una jornada, un ciclo vital, una iniciación. Como en el libro, el trabajo no aparece como degradación automática, sino como campo de revelación ética. El cuerpo que carga, ordena, espera y obedece es también un cuerpo que piensa, recuerda, ama y crea. La música se vuelve entonces acto de restitución: devuelve voz, tempo y espesor humano a lo que el sistema reduce a función. Contenido CD 1: el núcleo laboral y urbano — Harrods, Londres, la bodega, la jerarquía, la humillación, la observación crítica. CD 2: el despliegue simbólico, ético y cultural — mitos, historia, filosofía, amor, corrupción, conciencia moral. CD 3: el descenso y la transfiguración — memoria íntima, pérdida, exilio, amor, Orfeo, la palabra como salvación. LISTA COMPLETA DE CANCIONES (Del primer track del CD 1 al último del CD 3) Video de 4 horas y 22 minutos Música ecléctica | todos los géneros | 3 CDsBasado en el libro Los Poemas de Harrods. Poemas de un nómada americano 2. Esta obra musical no es una adaptación ornamental de un libro: es su continuación sonora. Los Poemas de Harrods nacieron ya con música interior: ritmo de pasos, respiración de bodega, zumbido de neón, voces de jefes, murmullos de clientes, el crujido de cajas, el latido de la ciudad. Convertirlos en música no es un giro estético, sino un retorno a su forma natural. El proyecto que aquí se presenta —un video continuo de 4 horas y 22 minutos, compuesto por tres CDs— recorre todos los estilos musicales, porque la experiencia que narra no admite un solo género. Aquí conviven música clásica, coral, electrónica, minimalismo, jazz, rock, música industrial, ambient, canto litúrgico, spoken word, música experimental, folklore latinoamericano, sonidos urbanos y silencio trabajado. La estética es ecléctica por necesidad moral, no por capricho. Los Poemas de Harrods son el testimonio de un trabajador migrante en el corazón del sistema global. Harrods no es solo una tienda: es símbolo del mundo contemporáneo, donde el lujo y la humillación coexisten, donde la belleza se exhibe mientras el cuerpo se agota, donde el consumo borra los nombres de quienes sostienen el espectáculo. Esta música acompaña y amplifica esa experiencia. Cada pista es un estado de conciencia: fatiga, lucidez, deseo, ira contenida, contemplación, memoria, amor, exilio, dignidad. El oyente no “consume” canciones: atraviesa una jornada, un ciclo vital, una iniciación. Como en el libro, el trabajo no aparece como degradación automática, sino como campo de revelación ética. El cuerpo que carga, ordena, espera y obedece es también un cuerpo que piensa, recuerda, ama y crea. La música se vuelve entonces acto de restitución: devuelve voz, tempo y espesor humano a lo que el sistema reduce a función. LISTA COMPLETA DE CANCIONES CD 1 1. Campos de caña barnizados de concreto 2. Elegía del académico invisible 3. Egipto 4. Shakespeare confesándome sus versos 5. Allí se mezclan ladrones y figuras 6. Los verdaderos parias de esta tierra 7. No soy de aquellos con contrato fijo 8. Los que fingimos que este limbo es sueño 9. En los bosques de la imaginación escrita 10. Autorretrato a los Veinte Años 11. Lilith 12. El lugar de Cristo será revelado 13. Estos son los pasillos del purgatorio 14. Opiniones así causan zozobra 15. Iluminati que continentes oprimen 16. Poeta que en silencio trabajaba 17. Accidente de trabajo 18. Vendrá de nuevo peste a nuestro suelo 19. El Sauce encorvado 20. Embajador en Londres 21. Quien se cansa de Londres se cansa de la vida 22. Verbo eternamente construido 23. Asdrúbal el rebelde 24. Paris 25. En los bosques de la imaginación escrita 26. Encanté con mi canto a Gran Bretaña

CD 2 1. Hoy caminé las calles derrumbadas 2. Así viví de lo que Londres más odiaba 3. Tuvimos que soportar la esclavitud de Israel 4. Mi mente leyó por mis oídos 5. También llegué a la lujosa Harrods 6. Creen que el amor se compra fácil 7. Debes bajar de peso, ser deseable 8. Llegado desde tierras nigerianas 9. Me pregunto si ser bellas lo amerita 10. Pilatos, quien asesinó sin culpa 11. Corrosión lenta 12. Cuando Petrus Romanus al fin os juzgue 13. Si hubiera reconstruido Tebas 14. Al fin destruyo su mundo de cristal 15. Los cuerpos que sirves desde los anaqueles 16. Como la osamenta que portamos 17. Cavernícola que enfrentaría osos 18. Ética de Marino 19. Los tres caminos a tu muerte 20. Dame las migas que caen del Banquete 21. Que el amor es ciego 22. Favores que enferman 23. No sufría solo 24. Yo, Orfeo, quien estuvo en el infierno 25. Por medio tiempo escribiría 26. Eligió deshacerse entre oficinas

CD 3 1. Y las vitrinas satisfacen la lujuria 2. Soy colombiano, aclaro 3. La gran virtud de Londres 4. De Hesíodo sé: no hay mal sin esperanza 5. Con un dejo de envidia literaria 6. Desde diciembre del año más humillante 7. Aunque vuestros ingresos os limiten 8. Que ganan una mayor plusvalía 9. Donde cisnes flotaban sin temores 10. Mis caminatas son lentas, de poeta 11. Invita al consulado colombiano 12. A las afueras de un concurrido teatro 13. Ecos de esa felicidad 14. Joven, de piel morena y noble porte 15. Mujeres vanas, falsas 16. Camisetas de colores 17. Debía vestir blanco del lacayo 18. En cuyos bancos duermen los confines del día 19. Alejados del culto de Mamón 20. Su ofensa o su venganza 21. Me abordaron con coquetas risas 22. Me adornan con soquetas risas 23. Asumí el desdén capitalista 24. Jamás lo contratarán 25. Rehacer su sombra con mis versos



sábado, 27 de diciembre de 2025

Nuevas Tardes en Manhattan - Un manual realista para los inmigrantes que viajen en busca del Sueño Americano

Nuevas Tardes en Manhattan, de Hugo Noël Santander, disponible en Amazon Kindle presionando aquí.

Nuevas Tardes en Manhattan

El llamado Sueño Americano ha sido, durante décadas, una promesa móvil: una idea que viaja más rápido que las personas y llega antes que ellas a las ciudades que habrán de habitarlas. Mito persistente y consigna eficaz, sobrevive como una expectativa concreta de trabajo, seguridad, reconocimiento y futuro. Nuevas tardes en Manhattan se aproxima a ese sueño observándolo en funcionamiento, en la vida diaria de quienes lo persiguen con disciplina, fe, astucia y cansancio. Por ello, este libro puede leerse como un manual realista: prescribe caminos al interior de cada personaje y despliega escenas formadas en pasados arduos; no promete resultados, sino que expone costos —los de la desilusión y también los de la ilusión— aceptando, como lo formulara Menandro, que no vivimos como queremos, sino como podemos. Es un libro que comparte experiencias con la agudeza propia de los grandes novelistas.

En las páginas que siguen, el lector entra en una geografía humana donde se encuentran la memoria y el porvenir, la identidad y el desarraigo, la fe y la supervivencia cotidiana. La novela se construye como relato coral y como testimonio íntimo: un mapa de quienes llegan a una ciudad deslumbrante con la voluntad de rehacer su vida y descubren, a la vez, trabajos arduos, alianzas frágiles, afectos intensos y decisiones cuyas consecuencias son inmediatas y determinantes.


La obra se articula desde un centro simbólico que orienta toda su respiración narrativa: el sueño recurrente del autor en el que Manhattan es sacudida por una gran explosión. Esa visión —vivida como presagio insistente— probó ser una intuición histórica y espiritual. La novela ha perdurado desde su escritura gracias a su percepción de las tensiones invisibles que atraviesan la relación de poder entre el ciudadano legal y el ilegal, fuente de desigualdades acumuladas y de vidas que sostienen la ciudad desde la sombra: sin crédito, discretas, disciplinadas. En ese horizonte, la escritura se vuelve una forma de atención lúcida: atender lo que la metrópoli no enuncia, lo que el inmigrante aprende a callar para perseverar, lo que el cuerpo comprende cuando el idioma, la ley y la costumbre convierten la existencia en examen permanente.

La prosa mantiene una cadencia reflexiva y contenida, pero el mundo que representa posee una densidad moral y material ineludible. La novela se adentra en zonas donde la vida migrante se ve obligada a negociar decisiones límite, vínculos bajo presión y formas de exposición íntima que forman parte del mismo paisaje que la fe, la solidaridad y la memoria. Nada aparece como artificio ni como espectáculo: todo responde a la lógica de una experiencia vivida.

Desde ahí se despliega el recorrido de Claudia Angelina de las Penas, cuya travesía es física, emocional y espiritual. Claudia llega a Nueva York con la determinación de interrumpir un pasado que la persigue y se enfrenta a una realidad compleja: la promesa de prosperidad convive con la intemperie afectiva; la libertad con la disciplina; la abundancia visible con la economía mínima del día a día. Su mirada permite recorrer Manhattan y sus bordes no como postal, sino como experiencia habitada: turnos largos, silencios compartidos, vínculos que se tensan y se reconfiguran.

Novela sobre migración a NY

Junto a ella aparece Mario, marcado por un pasado político turbulento y por una doble identidad que intensifica su fragilidad. Su tránsito por el metro —juglar urbano, trabajador invisible, conciencia en disputa— abre uno de los ejes más profundos del libro: la elaboración del sentido cuando la fe, la culpa y la necesidad dialogan. Mario encarna la redención entendida como trabajo interior y como responsabilidad; su impulso de escribir y pensar no elude la dureza del presente, la atraviesa.

Todd introduce otra dimensión decisiva del Sueño Americano: la relación entre ideas y vida, entre contrato social y afecto. Profesor de filosofía, marcado por la discapacidad y por una lucidez incisiva, Todd se mueve entre el acuerdo práctico y la implicación emocional. Su vínculo con Claudia ilumina una constante del libro: la negociación entre lo que se desea y lo que se pacta para sobrevivir, entre el amor y las formas legales que prometen amparo.

Alrededor de ellos, una galería de personajes —Helena, Clitemnestra, Cassandro, Orlando, Eduardo, Constantino— otorga textura y densidad. Helena aporta el filo ideológico de una época: el de la experta paternalista que, desde su posición en una ONG, delimita lo decible y lo permitido, convirtiendo a los inmigrantes en piezas funcionales de un engranaje moral. Clitemnestra encarna la energía contradictoria de la ciudad; Cassandro introduce la música como memoria y destino. Cada figura suma una perspectiva sobre la experiencia migrante y amplía el alcance del relato.

La prosa que los acompaña sostiene un equilibrio singular: realismo de calle y resonancia poética; observación social y dimensión simbólica; crónica urbana y meditación interior. La novela avanza entre barrios, trabajos, documentos y espacios privados, y a la vez reflexiona sobre la fragilidad humana, la tentación, la fe y el modo en que una ciudad redefine lo que creemos merecer. Esa convergencia convierte el libro en experiencia estética y en conocimiento compartido.

Late aquí una vocación comparativa que enlaza territorios y culturas: Bucaramanga como raíz y memoria activa; Oporto y Lisboa como estaciones de aprendizaje; Philadelphia, Manchester y Besançon como huellas de un recorrido interior. En esa línea resuena la enseñanza de Baldomero Sanín Cano, para quien el escritor debía ser también viajero, atento a los vínculos entre sociedades y lenguajes, capaz de convertir el desplazamiento en comprensión y solidaridad. Nuevas tardes en Manhattan participa de esa tradición: observa, compara, registra y acompaña.

La novela fue impresa en Colombia por la Universidad Industrial de Santander en 2000 y luego en España por editorial La Buganville, en el contexto posterior a los eventos del 11 de septiembre. Su reedición en 2025 dialoga con un presente marcado por nuevas olas migratorias, por debates persistentes sobre pertenencia y legalidad, y por un interés renovado en la literatura latinoamericana que aborda el desplazamiento como condición vital y no como abstracción.

Varias de las reflexiones aquí expresadas fueron enviadas al autor en una carta de Katty Paternina, personaje de su documental Manatí, retablos de un pueblo subdesarrollado y feliz (2005).

Cito sus palabras finales:


No dejes que declinen las tardes.

Muchos disfrutamos con la puesta del sol

y hay todavía muchas tardes por sorprendernos.


Leyla Margarita Tobías Buelvas

Sincelejo, diciembre de 2025



sábado, 31 de octubre de 2015

Santander, Todo un Maestro de las Artes, por Laura Toscano Monterroza

Hugo Noël Santander Ferreira

   Cuando se habla con Hugo Santander Ferreira podrían pasar horas, días y hasta años y faltarán temas por abordar y sobrarían hechos que sorprenden.
   No es para menos, este hijo de Bucaramanga es docente, dramaturgo, poeta, actor y un eterno aprendiz.

 " (...) a los 14 años montaba obras de teatro en el colegio siguiendo un manual de instrucciones..."

   Santander estuvo de visita en AL DÍA Sincelejo ciudad que conoció llevado por el amor a una mujer y a la poesía: participó en el Cuarto Festival de Poesía de Tolú en meses pasados.
   Estudio teatro y participó en varías obras, escribió guiones de largometrajes en inglés y estuvo en varios países. Su primera novela "Nuevas Tardes en Manhattan", trata de los inmigrantes.
   La novela se publicó en el año 2000 y cuando ocurrió en 2001 lo de las Torres Gemelas llamó la atención de un editor en Barcelona, José Cayuelas, quien compró los derechos por 10 años y sacó una edición de tres mil copias que todavía se está vendiendo.
   Sin embargo, en el libro de hizo énfasis fue Himnos a la Muerte.
  "Lo escribía a mi hermana fallecida, quien murió cuando yo tenía 10 años; ella tenía dos. Es un homenaje a ella pero también un mensaje de esperanza para todos aquellos que han perdido un ser querido: 

¿A qué viniste Cristina? 
¿A padecer acaso el Universo? 
Los bosques, las ciudades, ¿fueron nuestras? 
Amaste, naciste entonces, falleciste, 
La vida pasa, el amor en cambio es para siempre

   El libro lo componen poemas que hablan sobre el amor, la soledad, los viajes "y hay un poemario que se llama Plegarias, que es una conversación con Dios".



   Periódico Al Día, Sincelejo, 17 de septiembre del 2015

sábado, 17 de octubre de 2015

Prólogo a "Himnos a la Muerte", por el poeta franco-mexicano Francis Mestries

El primer poemario de Hugo Santander “Himnos a la muerte” es una gran elegía a la muerte de su hermanita cuando ella tenía dos años y él diez años, tragedia que lo dejó “huérfano” y que cambió su vida y su forma de ver el mundo para siempre. Es un duelo que le dejó una llaga abierta mucho tiempo y cuya cicatriz aun le causa escozor. Es también una bitácora de viaje en el espacio y el tiempo, pues el autor es un desterrado voluntario que ha recorrido el mundo y vivido mucho tiempo fuera de su país, Colombia: Cartagena y la costa del Caribe, los países europeos (Inglaterra, Francia), Asia, Estados Unidos son los escenarios de estas errancias;  en un tiempo transcurrido entre los años setenta, edad de su infancia y de su pérdida fraterna, y los años 2000, últimas trashumancias. La muerte de su hermana parece haber sido uno de los disparadores inconscientes de sus vagabundeos y de su búsqueda espiritual. En efecto el poemario es también la historia de un camino al encuentro de Dios y de comunión con Cristo y con la Virgen.

En “Reyes del Mundo”, el poeta nos habla de su amor por su hermana, y de su repentina enfermedad y muerte. La muerte de su hermana fue la muerte del niño que era, de ese paraíso de la infancia donde vivía feliz, en total empatía con su hermana que era el rayo de sol de la familia, y en armonía con el universo:

Tu partida inesperada es mi partida
¿Adónde has ido?
Tus abrazos, tus respuestas aún regresan
¿Adonde , hermanita, amiga mía?
 ¿A qué viniste, Cristina?
¿A padecer acaso el universo?

En otro poema narra la enfermedad de su hermana, su tormento médico en el hospital, y su separación, como si le arrancaran un pedazo de su cuerpo:

Vimos su rostro sesgado por serpientes,
Agujas que herían sus brazos,
Electrodos traspasando sus bronquios (…)
El universo enmudeció, el sol descolló
Y ella, confundida, dejó sus ojos risueños

En efecto, a pesar de los conjuros, plegarias y presagios, las tejedoras de mortaja acabaron su tarea.

La noche cayó en ella
y yo en ella desvalido 
Cada noche me acerca hacia sus brazos

La noche la invadió e invadió todo el mundo del poeta, y desde entonces la noche es el lugar donde ella lo visita, y con la lluvia le dibuja risas y mariposas en la ventana.  Su amor perdurará más allá de la muerte de su hermana, porque el Amor es más duradero que la vida y la muerte, y permite al hombre trascender su finitud para alcanzar la eternidad:

La vida pasa; el amor, en cambio, es para siempre
Allende, tu inocencia renace en la alborada 
Sobre las risas grises y las agrias noches

En “1997”, la visión del autor sobre la muerte se universaliza para descubrir, a través de sus correrías sin rumbo por el mundo, su extranjería consubstancial, sus encuentros amorosos casuales, su condición de desterrado de la dicha de la vida:

Periplos por un globo enfermo navegué
Copulando sobre túmulos de piedra
Destruidas las playas que albergaron sus bailes

Y concluye con este lamento desgarrador:

Nadie perece hasta que su bienamado muere

Y esta conciencia de la muerte “contamina” todas las cosas, todo es relativo, incluso lo efímero del reino y de los estados, a través del estribillo: Cuántas naciones han muerto, cuantas sobreviven.

“Epitafio” es una elegía-plegaria a su hermana y al Amor, pues su hermana era la encarnación del Amor, que borró la terrible presencia de la guerra y sus hecatombes. “Mamita Carmen”, su nona,  es la intuición de la certidumbre del reencuentro del poeta con su hermana en la otra vida, como Mamita Carmen le abrió sus brazos a su hermana en el paraíso. Ella era la figura maternal, encarnación de la bondad, que resistió a la mala suerte y a los chismes de los “bienpensantes” de sacristía, reminiscencia de “Los maderos de San Juan” de Silva. En “Elogio de la muerte”, puerta a la vida eterna, que libera al hombre de su prisión de polvo ajeno y presuntuoso; su salvoconducto para reencontrarse con su hermana. Pensamos en Jorge Manrique y sus “Coplas a la muerte de su padre”, y también en León de Greiff y su poema “Señora Muerte”.

”Sobre las Playas Griegas” utiliza como figuras retóricas las diosas y heroínas de la mitología griega. En “Gea”, el poeta se vale de la alegoría de la diosa de la Tierra y compara su separación de la mujer amada con el abandono de la Madre Tierra por los hombres, que la maltratan y la injurian con “la impostura de las ciudades.” Resalta en estos poemas una visión melancólica del amor, pues el autor experimenta en sus exilios amores clandestinos, fugaces o impósibles, frutos de encuentros casuales.

“Antígona” es el símbolo del deber de memoria, de honrar a los muertos; es para Hugo la imagen de su amor de adolescencia frustrado que fue parte aguas en su vida, y que recobra al recorrer calles y esquinas de su juventud. Así mismo, en “Dido”, el poeta se identifica con la reina derrotada de Cartago que se lamenta por la destrucción de su ciudad, y por la muerte de su amor; para el autor, encarna la inocencia de la “juventud, que es una barca que no regresa.”

En ”Ciudades que me Desterraron” Hugo Santander nos lleva de la mano por sus vagancias por ciudades del mundo.  Utiliza un recurso retórico, la antropomorfización de las ciudades que recorrió, que convierte en mujeres, como Baudelaire, Apollinaire, Cendrars, Eliott, Lopez Velarde, etc.

Inicia con “Bucaramanga”, ciudad natal del autor, que recuerda como un perdido Edén, hogar de la sombra tutelar de sus ancestros, de su primer estremecimiento amoroso, sentimiento que experimentó por su hermana pronto desaparecida. El eterno Ulises caminante añora su Ítaca, su raíz y su solar,

Cuyas ánimas desde el valle de los muertos
Conducen mis palabras desde ventanas seguras

Y donde está vivo la fuente de su recuerdo, el recuerdo de su hermana que le dejó la revelación del amor y de la eternidad:

El infinito brota del primer tronco  

“Cartagena” es una muchacha que amó en su adolescencia, y que añora evocando la magia de noches y albas en la playa, pero este amor puro naufragó en el destino de los bajos fondos de esta ciudad de perdición.  “Bogotá” es la gran Puta, la urbe de oligarcas hipócritas que asesinan con la ley en la mano, de leguleyos enviados a legalizar el despojo, de beatas y mochos que santiguan sus orgías, de beodos santurrones, ciudad putrefacta que avanza titubeante pero no acaba de morir. En “Filadelfia” se trasmina el desencanto del autor que se dejó encandilar por sus torres luminosas y se convirtió en lacayo de los poderosos, sin dejar de ser un inmigrante con ínfulas de WASP en esta ciudad construida sobre los cuerpos de esclavos, ilegales y polizones. Así mismo, en “Chicago” el poeta sufre su condición de presidiario en “un país de prisioneros”, que internalizan las mazmorras y las macanas; condenado a sobrevivir en barrios bajos, se deja consolar por “meretrices y mercaderes” que lo atraen reluciendo sus señuelos o “venenos”, y se refugia en el recuerdo de “su casa”, aunque sea otro infierno. “Oporto” es la ciudad de palacios y glorias decadentes, cuyo abolengo lo fascinó al inicio, pero es una ciudad donde nadie en sus predios era libre. En cambio, “Córdoba” es la amante sensual de vientre cobrizo y de torres (pechos) dorados, donde el poeta exorciza la nefanda historia de la Conquista, y donde se refresca al cauce del gran río nutrido por sus tres afluentes: gótico, sefardí y musulmán. El “World Trade Center” de N-Y. es un espejismo que da la ilusión a los indocumentados desempleados de compartir el vértigo imperial de la dominación del mundo, “en la cumbre de todas las naciones”, sin darse cuenta que, como la Estatua de la Libertad que “derrite su cal en el mar, estas torres pronto serían derribadas por “otros herejes”. En “Bishkek” el poeta lamenta la caída de esta ciudad opulenta que fue “imperio de la seda” y el derrumbe de las ideologías de justicia social que quisieron transfórmala y acabaron en corruptelas, y su triste condición actual  indigente y servil ante la potencia más rica.  Vagabundeos por el mundo que dejan experiencias y aventuras, pero también una mirada desengañada sobre los países del primer mundo, y el escozor de las “saudades” de sus ciudades de la infancia.

La fibra religiosa del poeta se explaya en la siguiente sección del libro: “Plegarias”. El autor recuerda a sus lecturas bíblicas y a los grandes poetas místicos españoles para expresar su fe profunda. Así, “Gratia plena” es un cántico a María, refugio del autor en sus desventuras, protectora en los casos desesperados: “Cuando las tumbas brotaban/ tú siempre en el silencio estabas.” En el poema “Dominus Tecum“, Hugo emplea metáforas de la naturaleza, como en el Cantar de los Cantares y en San Juan de la Cruz, para aquilatar la belleza física y espiritual de la Virgen:

Ante mí fulguraste sosegada;
Cada madre podía irradiar la luna
En tu luz el aleteo de las aves
La caricia del ciervo en tus cabellos
La tersura y la fragancia del olivo
Son destellos de un día apacible

El carácter veleidoso y voluptuoso del autor se sosiega ante ella, al percatarse que la carne es débil, y que la humildad ante ella es la clave de la resurrección, porque ella es “Amor, amor sin muros.” En “Confesión”, el viaje es una metáfora del paso del tiempo, que el espejo va grabando en el rostro del autor. Pero el espejo es también un armario que guarda sus edades pasadas, una puerta hacia su doble, su “doppelganger”, que quedó en el pasado, al lado de una mujer francesa que amó en el Sur de Francia. Finalmente, el espejo esconde un “ánima que persiste” más allá del tiempo. “Adonai” es un poema de gratitud a Adonai, Cristo, Dios, cuya visión iluminó al poeta en las alturas de los Andes. Al enfrentar los peligros de su vida aventurera, de los que salió bien librado al encomendarse a Él, dejó su manto de soberbia romántica de juventud para acogerse a su amparo:

Solo tú, Adonai, me salvaste del puñal;
Me entregaste la sabiduría, Adonai

Por último, “Penitencia” es un canto al amor físico, en contra de la hipocresía de los doctores de la fe, los mochos y beatas; el poeta convoca a Swedenborg para afirmar que el éxtasis físico no se contrapone al amor místico a Dios, incluso se pueden confundir, no en su objeto, sino en su impronta en los sentidos y la mente, y en su expresión artística, como en Santa Teresa y San Juan de la Cruz.

“El Azar y la Niebla” culmina el libro con reflexiones sobre el sentido o sin sentido de la vida, pues el hombre sigue siendo un lobo para el hombre. En “Heridas”, entre la niebla, al azar de las sombras, Hugo descubre que detrás de sus heridas que la vida le legó, se yerguen sus espinas. “Ennui” es otro nombre del Spleen de Baudelaire, remite a los tragos, los cigarros, al hastío y el desengaño: la humanidad se resume en “el puñal y el adulterio”, y la vida no se parece a las promesas de un amor de juventud, solo deja una sensación de asco y de tedio, la “guayaba” de una vida disipada. “La Promesa” es una meditación sobre la inconsciencia e incompletud del ser humano, que destruye lo que ama:

Creé y no creí
Creí y no creé
Amé y desamé

Solo las penas dejan al hombre unas lecciones de vida:

Hay secretos que solo la aflicción revela

En “Coincidencias”, el poeta encuentra un sentido en la belleza de las cosas simples, cotidianas:

El universo es el absurdo más hermoso 
Que preserva la rosa y su presencia

El autor buscó olvidar el recuerdo doloroso y entrañable de su hermana muerta, mezclándose con los seres de los submundos: inmigrantes clandestinos, vagos, chulos y prostitutas, hasta que comprendió lo esencial:

Sobre un vidrio construimos

“Himnos a la Muerte” es un libro que contiene destiladas las experiencias y reflexiones de una sensibilidad a flor de piel, expresadas en una lengua sencilla y emotiva, que muestran la madurez de un poeta que une la sensualidad extrema con una espiritualidad original. Más que “Himnos a la Muerte”, este poemario debería titularse “Himnos al Amor”.

Francis Mestries

Ciudad de México, Septiembre de 2015

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